Antibiografía
No naci en una casa historica, ni en un museo de antigüedades, ni he logrado averiguar el nombre de mis ilustrísimos antepasados.
Tampoco segui carrera alguna, ni obtuve ningún título.
No entre nunca a un garito, ni iglesia; ni leocinio o salón aristocrático, pero estuve algunas veces preso por razones que aun desconozco.
No he ejercido el comercio honrado, porque no he encontrado la diferencia con el otro.
Nunca sentí vocación de banquero, de jugador de futbol o de bolsa, de hombre de negocios, de obispo, de titiritero, de comodoro, de pistolero o de político; ni de ningún trabajo que de renombre público y ventajas privadas.
No trabaje mas que con mis manos. No obtuve ningún premio que pueda recordar sin rubor.
No he sido un antiservicial servidor del Estado, ni oculte mis ratos negros con rosados ensueños jubilatorios, y desde ya, por si acaso, declaro que no aceptare ser embajador en Moscu, Washington o Roma, ni director de ningún museo, ni amanuense policial.
No he sido presidente de ninguna Sociedad, ni de ningún centro de bomberos voluntarios.
Ningun gobierno me ha nombrado caballero de ninguna orden, ni he sido recibido dulcemente por ninguna liga de los derechos del hombre… burgués.
Nunca me queje de la pobreza, pues la miseria ha sido la dama que mas me ha cortejado.
No dudo en que si las víboras aprendieran catecismo, silbarían con devoción, se golpearían el pecho con el cascabel zaguero y clavarían sus colmillos por amor al prójimo.
No confío en las compensaciones póstumas, por lo que me opongo por anticipado a cualquier conato de pompas fúnebres, mausoleo o necrologías orales o escritas.
(De “Autobiografia Negativa”, de Luis Franco)
